La jabonera de Corregio

Leonarda Cianciulli nació el 14 de Noviembre de 1893 en Montella, en el Sur de Italia y fue una hija no deseada ya que fue fruto de una violación que sufrió su madre. Durante su infancia fue una niña bastante retraída, y en su juventud intentó suicidarse cortándose las venas en al menos dos ocasiones.

Leonarda Cianciulli

En 1914 se casó con un empleado de la oficina de registro llamado Raffaele Pansardi, aunque su madre no estaban de acuerdo con que el matrimonio. Tenía previsto casarla con un granjero de 60 años que era una de las personas más acaudaladas de la región. Tras contraer matrimonio la pareja se mudó a Lariano, una pequeña localidad cercana a Roma. Estando allí, su casa fue destruida por un terremoto en el 23 de Julio del año 1930, y se trasladaron una vez más, esta vez a Correggio, donde Leonarda abrió una pequeña tienda y se hizo muy popular ya que resultaba una mujer muy agradable que no dudaba en ayudar a sus vecinos en todo cuanto pudiese. Leonarda tuvo hasta 17 embarazos, aunque tres hijos nacieron muertos y otros 10 murieron a muy temprana edad.
En el año 1939 se enteró de que su hijo mayor, Giusseppe, quien además era su hijo predilecto se iba a alistar en el ejército ante la inminente II Guerra Mundial. Al sobrevivirle tan sólo cuatro hijos Leonarda se mostraba sumamente protectora con ellos y, tras consultar a un quiromante gitano, éste le dijo que veía la cárcel en una de sus manos y un asilo de asesinos en el otro. Aunque no sabía muy bien como tomarse esta presunta advertencia, Leonarda comenzó a pensar en la forma de librar a su hijo de lo que creía un funesto destino. Sin que se sepa muy bien cómo, llegó a la conclusión de que ofreciendo sacrificios humanos lograría solucionar su gran problema, el temor a perder a su hijo favorito en la guerra.
La primera de sus víctimas fue Faustina Setti, una solterona de casi 70 años a quien atrajo con la idea de haberle encontrado un posible marido en la localidad de Pola. La convenció para que no dijese nada a nadie para evitar el riesgo de envidias o de maldiciones, lo cual le pareció muy bien a Faustina. Llegado el día en que las mujeres se dirigirían a coger un tren para ir a ver al futuro marido de Faustina, Leonarda la convenció para que aprovechase para enviar cartas a sus familiares en las que les explicase que se iba con intención de casarse, pero que no pasaba nada y que pronto tendrían noticias suyas. Faustina era una típica mujer de campo a la usanza de la época, es decir, que era capaz de escribir poco más que su nombre, por lo que Leonarda se brindó a escribirle las cartas. Se levantó con el pretexto de ir a buscar papel y lápiz a la tienda mientras Faustina la esperaba en la trastienda. En lugar de eso, cogió un hacha y la descargó sobre la desprevenida vecina. Después troceó el cadáver en nueve partes que metió en una olla de gran tamaño, añadiendo siete kilos de sosa cáustica. Una vez que la sosa actuó tiró los restos a una fosa séptica que había en la parte trasera de su negocio. La sangre la recogió en diversos recipientes para, una vez coagulada, utilizarla como base para hacer unos pastelillos que ofrecía a quien fuese a la tienda.
Francesca Soavi era una profesora sin trabajo a quien Leonarda dijo que le había encontrado trabajo en un internado para niñas situado en Piacenza. Al igual que en el anterior caso, la convenció para que escribiese cartas a sus amigos y las echase al correo antes de partir, para que no se preocupasen por su repentina ausencia. Cuando Francesca fue a despedirse de Leonarda, el 5 de Septiembre de 1940, ésta le ofreció una copa de vino. El vino estaba mezclado con somníferos, lo que provocó un repentino sopor en Francesca, momento que Leonarda aprovechó para agredirla con el hacha. Procedió otra vez como con Faustina, deshaciéndose del cadáver y empleando la sangre para elaborar pastelillos.
Virginia Cacioppo era una antigua cantante de ópera, que decía haber tenido bastante éxito de joven y que incluso había llegado a cantar en el prestigioso teatro de La Scala, en Milán, uno de los más famosos de todos los tiempos. A Virginia le dijo que había hablado con un hombre de Florencia que necesitaba una secretaria, y que ella había pensado en su vecina para el trabajo. Como Virginia se había quedado viuda y tenía muy pocos recursos, aceptó ir hasta Florencia a hacer la entrevista. El 30 de Septiembre de 1940 fue hasta la tienda de Leonarda a despedirse, y ésta entre abrazos le ofreció una copa de vino que estaba repleta de narcóticos. Cuando Virginia empezó a perder la consciencia, Leonarda le atacó con un hacha. Posteriormente declararía sobre esto:

Ella terminó en el bote, al igual que las otras dos (…) su carne era muy blanca, y cuando se había derretido añadí un frasco de colonia, y después de mucho tiempo en ebullición fui capaz de hacer un poco de jabón cremoso más que aceptable . Le di las pastillas a los vecinos y conocidos. Los pastelillos también eran mejores: la mujer era muy dulce

La cuñada de Virginia se sorprendió por la repentina desaparición de la mujer de su difunto hermano, por lo que comenzó a sospechar que Leonarda podría tener algo que ver ya que la había visto por última vez entrando en la tienda de ésta.
Tras ser interrogada por la policía, Leonarda confesó tranquilamente haber asesinado a Virginia, al igual que a Faustina y a Francesca. Fue detenida y llevada al juzgado de Reggio Emilia para ser juzgado.
En el año 1946, tras pasar 6 años en la cárcel antes de su juicio, Leonarda fue condenada a 30 años de cárcel a cumplir en una institución mental dedicada a criminales en exclusiva.
Leonarda Cianciulli murió a causa de una apoplejía en el asilo de Pozzuoli el 15 de Octubre de 1970. Parte de los enseres que empleó para los asesinatos se conservan hoy en día en el Museo Criminológico de Roma.

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