Anna Maria Zwanziger

Anna Maria Zwanziger -nacida como Anna Schönleben- nació el 7 de Agosto de 1760 en Nuremberg (Alemania). No se sabe nada a cerca de su infancia y primera juventud, aunque trascendió que se había casado con un hombre que era alcohólico. Se quedó viuda en el año 1800, a los cuarenta años, cuando su marido murió a consecuencia de su afición a la bebida, posiblemente por cirrosis. No obstante, antes de morir su marido dilapidó la herencia que Anna había aportado al matrimonio ya que quedó huérfana antes de casarse, dejándola prácticamente en la indigencia. Intentó trabajar en una fábrica de juguetes cercana a su domicilio, aunque la acabaron rechazando tras dos semanas puesto que era más lenta que las niñas que podían trabajar por la mitad de sueldo. Entonces, comenzó a pedir trabajo en el servicio doméstico con la esperanza de, tal vez, encontrar un nuevo marido. Su primer trabajo en este aspecto fue en la casa de un juez, el juez Glaser. El juez Glasser en aquel momento necesitaba a alguien en su casa puesto que se hallaba separado de su mujer, aunque en la época que Anna comenzó a trabajar en su casa estaban iniciando conversaciones para solucionar sus problemas. En un intento porque esa reconciliación no llegase, Anna echaba pequeñas dosis de arsénico en el té que le preparaba a ella cuando venía a conversar con su marido. Unas visitas más tarde, la mujer del juez comenzó a sentirse enferma y moriría posteriormente en su propia casa entre grandes dolores estomacales. No obstante, el juez Glasser se sintió muy dolido por esta muerte y decidió no volver a casarse, para desgracia de Anna Maria. Tras intentar que reconsiderase su idea, Anna acabó suplicándole que se casase con ella, a lo que el juez Glasser no sólo no accedió, si no que decidió despedirla. Como había tratado con varios jueces a lo largo de su estancia en la casa de Glasser, acudió a casa de otro juez a pedirle trabajo. El juez Grohmann la aceptó, en parte porque le daba pena ya que había trabado cierta amistad con ella en su anterior trabajo y sabía de su penuria económica, y en parte porque no estaba satisfecho con su actual sirvienta, a quien despidió inmediatamente. Anna Maria se alegró sobremanera, puesto que el juez Grohmann estaba soltero a la sazón. Sin embargo, poco después de su entrada en aquella casa, Anna vería truncadas sus esperanzas cuando el señor Grohmann le anunció que contraería matrimonio el verano siguiente. Despechada, esa misma noche le sirvió a su patrón un plato de sopa cargado de arsénico; el juez moriría agónicamente horas después. También intentó envenenar a los dos jardineros de la propiedad con quien estaba enemistada, aunque éstos correrían mejor suerte que su señor.
Tras quedarse nuevamente sin trabajo, decidió visitar a otro juez, el juez Gebhard, quien estaba muy a menudo en casa de su compañero Grohmann y quien simpatizaba con Anna Maria. Decidió contratarla por descargar algo de trabajo a su ama de llaves, quien ya se estaba haciendo muy mayor (se cree que en aquella época contaba con unos 85 años) y llevaba toda su vida trabajando para la familia Gebhard. Nuevamente, la esposa de su jefe copmenzó a tener graves problemas de salud de forma sorprendente, y fallecería tan sólo diez días después de la llegada de Anna a la casa. El juez Gebhard comenzó entonces a pensar que era demasiada coincidencia que en cada casa en la que Anna Maria empezaba a trabajar comenzasen a su vez a producirse muertes. Poco después de la muerte de la señora de la casa dos sirvientes empezaron a tener problemas de salud similares, e incluso el hijo pequeño del juez mostró síntomas similares. Los empleados sobrevivieron, aunque el niño murió una noche tras haber merendado una única galleta; galleta preparada por Anna Maria y que estaba “aliñada” con arsénico. Examinando los restos de comida de la servidumbre, el juez notó la presencia de arsénico. Cuando fue a hablar con Anna Maria ésta ya había desaparecido. Como precaución, antes de avisar a la policía y poner a Anna en busca y captura, el juez examinó los alimentos de la despensa. El tiempo demostró que eso fue un acierto: Anna había dejado arsénico tanto en la sal como en el azúcar, lo que hubiese causado más envenenamientos aún estando ella ausente. Tras una búsqueda complicada por toda Alemania fue apresada en Octubre del año 1809.
En los interrogatorios (que se extendieron a lo largo de varios meses) Anna Maria confesó su culpabilidad y relató con asombrosa calma todas las muertes y envenenamientos que había causado. Fue condenada a muerte.
Finalmente, el 17 de Septiembre de 1811 fue conducida hasta la guillotina. Antes de ser decapitada el verdugo le preguntó si quería decir las últimas palabras. Ella no mostró arrepentimiento, diciendo que volvería a hacerlo sin dudarlo y que era una suerte que la guillotinasen porque probablemente nunca hubiese dejado de emplear a su “mejor amigo” que es como llamaba al arsénico.

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