La partera demoníaca

Miyuki Ishikawa nació en el año 1897 en Kunitomi (Prefectura de Miyazaki, Japón), en una familia acomodada. Al tener recursos sus padres la enviaron a Tokio a que estudiase medicina, cosa que logró al parecer con buena calificación. Posteriormente se iría a Kotobuki (Wajima) donde trabajaría como encargada de Maternidad en el hospital.

Miyuki Ishikawa (tapada en el centro de la imagen)

Poco después de llegar al hospital conoció a Takeshi Ishikawa, con quien se casaría unos meses más tarde. En aquella época Japón experimentó un fuerte incremento de la natalidad a pesar de estar en una situación económica bastante delicada. Miyuki veía cómo se amontonaban los niños en el hospital sin que nadie pudiese ayudarles a atenderlos. El hospital carecía de medios económicos para contratar a más gente y los padres, en su mayoría, eran pobres de solemnidad, por lo que además esos niños supondrían una carga más para su ya depauperada economía. Miyuki habló con todas las organizaciones caritativas que encontró, con representantes de todas las confesiones religiosas que había en el Japón de aquellos tiempos, pero nadie podía hacerse cargo de los niños; hasta los orfanatos estaban llenos. Finalmente, Miyuki y Takeshi decidieron empezar a hablar con los padres de las criaturas, a quienes convencían del enorme gasto que supondría tener a los bebés. Como el aborto estaba prohibido, idearon un plan en connivencia con el doctor Shiro Nakayama, el encargado de hacer las actas de defunción: les cobraban 4.000 yenes por “hacer desaparecer” a los niños. El sistema consistía en dejar morir de inanición a los recién nacidos, cosa que no llevaba más de un par de días y luego certificar que habían muerto por el síndrome de muerte súbita del lactante (SMSL).
El 12 de Enero de 1948, dos policías de la comisaría de Waseda encontraron fortuítamente 5 cajas de madera sospechosas en casa de un empleado de unas pompas fúnebres llamado Ryutaro Nagasaki. Al ser preguntado por aquellas cajas, Ryutaro dijo que provenían del hospital, que eran niños de corta edad que habían fallecido y que se disponía a llevarlas al crematorio. Como no estaban muy convencidos, solicitaron que se les hiciese una autopsia para averiguar si era cierto. Las autopsias fueron inequívocas: ninguno de los cinco niños había muerto por causas naturales o por SMSL, si no que habían fallecido por desnutrición y neumonía. El caso saltó inmediatamente a la prensa, y el público en general en un principio apoyó a Miyuki, quien decía que aquellos niños habían sido abandonados en el hospital por sus propios padres y que no eran su responsabilidad. Sin embargo, horas después empezaron a levantarse voces diciendo que, a pesar de haber sido abandonados, dejarles morir era un acto de discriminación ante gente indefensa. Tal escándalo se formó que el juez ordenó una investigación pormenorizada. Ryutaro confesó psteriormente que se había deshecho de al menos otras treinta cajas iguales, cobrando 500 yenes por cada una. Se ordenó inmediatamente la detención del matrimonio Ishikawa, quienes fueron apresados el 15 de Enero, tan sólo tres días después de haber sido encontrados los cuerpos. El mismo día también fue detenido su colaborador, el doctor Shiro Nakayama. Durante el interrogatorio posterior confesaron que habían dado una cincuentena de cuerpos al empresario funerario, que habían dejado otros treinta en templos y “habían enterrado algunos” en el barrio. Dada la tremenda cantidad de cuerpos que se hallaron, y la sospecha de que habían sido muchos más, comenzó inmediatamente un juicio contra ellos. Sin embargo, los acusaron de un delito de muerte por omisión, no de homicidio. A pesar de no saberse exactamente la cifra de muertos, fueron juzgados por los 80 niños que reconocieron. Las autoridades creían bastante probable que la cifra mínima hubiese sido de 103, aunque no había pruebas.
Tras el juicio, Miyuki fue condenada a ocho años de prisión por el delito de muerte por omisión y su marido y el doctor Shiro a cuatro por falsificación de documentos y colaboración.
En 1952 apelaron la sentencia y el Tribunal Superior de Tokio les rebajó las condenas a la mitad, quedando ambos en libertad puesto que ya habían cumplido la condena con el tiempo que llevaban en prisión.
Miyuki y Takeshi desaparecieron ante las amenazas de sus vecinos, que ahora sí estaban totalmente convencidos de su culpabilidad, y nunca más se supo de ellos.

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