El verdugo de Nueva Orleáns

Entre Mayo de 1918 y Octubre de 1919 se sucedieron en la bulliciosa ciudad de Nueva Orleáns ocho misteriosos crímenes sin que jamás se haya sabido quién fue el responsable. La noche del 22 de Mayo de 1918, Joseph Maggio y su esposa Catherine se encontraban durmiendo en su habitación, cuando un desconocido entró armado con un hacha y comenzó a golpearlos con ella. Alarmados por el ruido, acudieron los hermanos de Joseph a ver qué ocurría. Se encontraron a su hermano agonizando debido a las heridas sufridas, y a su mujer ya muerta; ella tenía tales cortes que su cabeza prácticamente estaba desprendida del cuello.
En el registro de la casa, junto con el hallazgo de un hacha manchada de sangre, se soprendieron de encontrar joyas y dinero, no habían robado nada aparentemente.
El 6 de Junio por la noche, Louis Bossumer y su novia Anna Lowe se encontraban durmiendo cuando alguien entró en su habitación y comenzó a golpearlos con un hacha. A la mañana siguiente, una vecina los encontró en sendos charcos de sangre y con un hacha tirada cerca. Una vez que Anna recobró la consciencia, fue interrogada por la policía y dijo que el agresor había sido un hombre joven vestido de negro. Sin embargo, esa misma tarde dijo que su propio noio le había atacado. No dieron crédito, ya que parecía remotamente probable que tras atacarla se hubiese partido el cráneo y hubiese depositado el arma en el otro lado de la habitación después.
El 5 de Agosto al anochecer, la señora Schneider estaba recostada en la cama (estaba embarazada de 8 meses) cuando observó una sombra a un lado. Al girarse tan sólo pudo ver cómo un hacha descendía hacia ella. Sufrió múltiples heridas en la cabeza y perdió varias piezas dentales, pero logró sobrevivir y tres semanas más tarde dió a luz a una niña sana.
El 10 de Agosto Pauline Bruno se despertó y vió una figura oscura portando un hacha que entraba en su habitación. Gritó y el hombre se esfumó. Saltó de la cama para ir a ver a su tío, Joseph Romano, quien vivía con ella. Al llegar a la habitación de Joseph, lo encontró con varias heridas en la cabeza y en un charco de sangre. Él con su último aliento le dijo que lo llevase al hospital, a donde ya llegaría muerto.
Para aquel tiempo la histeria ya se había adueñado de la ciudad, todo el mundo comentaba haber visto a un hombre vestido de negro y portando un hacha por la ventana. Las denuncias en la policía se sucedían una tras otra, que si había sido visto aquí, que si allí, etc. Pero nadie pudo dar un sólo dato fiable para encauzar la investigación por algo o alguien en concreto. Para empeorar más el asunto, el asesino despareció literalmente hasta que atacó a una familia de origen italiano fuera de Nueva Orleáns el 10 de Marzo de 1919. Se trataba de los Cortimiglia, un matrimonio con una hija de corta edad que fue agredida esa noche. El resultado fueron las muertes de Charles y de su hija Mary, de tan sólo dos años de edad. Rosie, la mujer sobrevivió milagrosamente a las terribles heridas que le causó el atacante, incluída una causada tras seccionar el cuello de su hija, que dormía en sus brazos.
Tres días después, el 13 de marzo, los periódicos recibieron una carta muy extraña:

“Infierno, 13 de Marzo de 1919.
Nunca me han capturado, y nunca lo harán. Nadie me ha visto dado que soy invisible al igual que el éter que rodea su planeta. No soy un ser humano, soy un espíritu infernal. Soy lo que los habitantes de Nueva Orleáns y su estúpida policía llaman “El Verdugo”.
Cuando lo crea oportuno, volveré a cobrar nuevas víctimas. Sólo yo sé quienes serán. No voy a dejar ninguna pista, salvo mi hacha manchada en la sangre y los cerebros de quienes llevaré para hacerme compañía.
Si quieren pueden decirle a los policías que tengan cuidado de no irritarme; por supuesto, soy un espíritu razonable. No me han ofendido de momento por la forma en la que han investigado. De hecho, lo han hecho de una forma tan estúpida que no sólo me han causado gracia a mí, si no también a su Satánica Majestad, a Francis Josef, etc… Pero que tengan cuidado. Que no traten de descubrirme o será mejor para ellos no haber nacido que enfrentarse a la ira del Verdugo. No creo que sea necesario advertírselo, de todas formas, ya que me han esquivado de forma bastante eficaz. Al menos sus mentes dan para mantenerse alejados de todo peligro.
Por supuesto pensarán que soy el asesino más temible que se haya conocido, pero podría ser mucho peor si quisiera. Podría matar a miles de ustedes visitando su ciudad cada noche.
Bien, para ser exactos, a las 00:15 (hora terrenal) del próximo martes voy a pasar por Nueva Orleáns de nuevo. En mi infinita misericordia, les voy a hacer una propuesta.
Me gusta mucho la música Jazz, y juro por todos los demonios de los abismos del Infierno que no mataré a la gente que el día y a la hora señalada se encuentre en un local donde haya una banda de Jazz tocando. Si ese día la gente acude, bueno, mucho mejor para ellos. Pero una cosa es cierta: si hay alguien que no haya acudido a donde digo, conocerá a mi hacha.
Bien, tengo tanto frío que volveré a mi hogar y dejaré su mundo terreno hasta el momento señalado. Esperando que publiquen esto, que les vaya bien. Fui, soy y seré el peor espíritu que jamás haya existido en la realidad o en la fantasía.

El Verdugo.”

Ni que decir tiene que ese martes a la medianoche los locales de Jazz estaban en su mayor apogeo. Incluso se llegó a elaborar una canción titulada “The Mysterious Axman’s Jazz (Don’t Scare Me Papa)” -“El Jazz del Verdugo misterioso (no me asustes papá)”-.
Al amanecer del día siguiente no se había producido ningún ataque, tal vez el Verdugo se había aplacado por la fiesta en su honor.
Todo estuvo tranquilo hasta el 3 de Agosto, cuando Sarah Laumann fue agredida con un hacha mientras dormía. A pesar de recibir nuerosos cortes y golpes, lo gró sobrevivir. El pánico cundió nuevamente, la bestia había vuelto.
Steve Boca se encontraba durmiendo la noche del 10 de Agosto cuando fue brutalmente agredido. Otra vez se encontró un hacha manchada en sangre en el lugar. Steve, mal que bien, logró sobreponerse a las heridas.
El 27 de Octubre de 1919 Mike Pepitone fue asesinado mientras dormía. Su mujer, que se encontraba en otra habitación, corrió al oir el ruido y dijo ver salir a un hombre vestido de negro del lugar. su esposo yacía en un charco de sangre con múltiples heridas causadas por hacha (que se encontraba tirada a su lado), vivio, pero agonizante. Murió horas después en el hospital.
Fue el último ataque.
Había un sospechoso, llamado Joseph Munfre, que fue asesinado a disparos un año más tarde en California. Lo había matado una mujer llamada Esther Albano, quien casualmente era la viuda de Mike Pepitone. ¿Fue Joseph el Verdugo?. ¿Fueron varios hombres?. Lo cierto es que nunca se sabrá.

Esta entrada fue publicada en Leyendas.

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