La masacre de Port Arthur

Martin John Bryant nació el 7 de Mayo de 1967 en Lennah Valley (Australia) y era el mayor de los dos hijos de un matrimonio de origen inglés. Se trataba de un chico bastante tímido, aunque disfrutaba haciendo travesuras continuamente, en lo que se cree que era un comportamiento destinado a llamar la atención de la gente.

Martin John Bryant

Se sabe que solía sacarles el tubo de respiración a sus compañeros cuando buceaban, talaba árboles a los vecinos e incluso llegó a prenderse fuego a sí mismo. En la escuela lo definían como un chico bastante tímido, emocionalmente inestable y que con frecuencia era obejto de agresiones por parte del resto de alumnos. Un examen psiquiátrico posterior a su expulsión de la escuela en 1977 reveló que fantaseaba con la tortura, especialmente con las mascotas de sus vecinos. En el año 1980 lo instalaron en unas clases de educación especial, donde su capacidad de estudio y su comportamiento cayeron en picado.
En un examen posterior, se descubrió que tenía un desarrollo intelectual y emocional comparable al de un niño de 11 años. Su psiquiatra determinó que era conveniente darle una pensión por invalidez, y escribió sobre él:

“Es incapaz de concentrarse para leer o escribir. Se entretiene de vez en cuando en el jardín familiar, aunque la mayor parte del tiempo lo pasa viendo la televisión. Es notable el esfuerzo que realizan diariamente sus padres para que la situación no se agrave. Aqueja esquizofrenia leve, y su futuro es bastante incierto”.

A los 19 años, a principios de 1987, conoció a la excéntrica Helen Mary Elizabeth Harvey, la heredera de una enorme fortuna ganada con la lotería que vivía en una gran mansión con su madre. Mary Elizabeth buscaba un jardinero, y Martin acudió a la entrevista. Elizabeth lo contrató, y lo requería constantemente para trabajos de poca monta, o para ayudarle a alimentar a los 40 gatos que tenía en el garaje. En Junio de 1990 alguien alertó a las autoridades sanitarias del dudoso estado de salud mental de Elizabeth, y tanto ella como su madre fueron internadas en un hospital psiquiátrico. Mientras duró este estado, Martin cuidaba la propiedad cdon poderes para emplearla como suya. Poco tiempo después, la madre de Elizabeth, Hilza Harvey falleció a los 79 años, y Elizabeth invitó a Martin a vivir con ella; de hecho, hacía ya una temporada que eran pareja sentimental. En esta nueva vida, comenzaron a dilapidar la fortuna, llegando a comprar 30 coches nuevos en menos de tres años. Solían pasar el tiempo de compras y comiendo en restaurantes lujosos. En esa época, el expediente sobre la pensión de Martin fue reevaluado. Las autoridades dijeron:
“Sería potencialmente peligroso permitir que Martin escapase al control de sus padres”
El 20 de Octubre de 1992, Elizabeth falleció cuando el Rolls-Royce que conducía se salió de su carril e impactó frontalmente contra otro vehículo que iba en dirección contraria. Martin iba de copiloto y estuvo ingresado por las lesiones durante siete meses. En el testamento de su novia, Martin figuraba como único beneficiario, aunque su madre consiguió el control de la fortuna basándose en las escasas capacidades intelectuales de su hijo.
A su salida del hospital, su padre fue a recogerlo para llevárselo a la granja familiar, y el joven accedió sin oponer nada.
El 14 de Agosto de 1994 un hombre que buscaba inversores para sus negocios llegó a la finca y se encontró con un cartel en la puerta que ponía “llamar a la policía”. Como no encontró a nadie en el lugar, hizo caso de la nota y llamó a la policía. Dos días más tarde cuando rastreaban con buzos los canales de irrigación de la propiedad, encontraron el cuerpo del padre de Martin con las pesas de buceo de éste enrrolladas en el cuello. La investigación concluyó que si bien no había pruebas de un asesinato la muerte no era natural. Martin cobró los 250.000 dólares del fondo de pensiones de su padre. Volvió a instalarse en la mansión y comenzó nuevamente a derrochar dinero. El dueño del restaurante al que iba a comer a diario confesó que sentía una profunda pena por él, ya que siempre estaba solo y todo el mundo se reía de su actitud, algunos incluso abiertamente. Comenzó también a viajar intensamente, tanto que los viajes que hizo en los siguientes dos años ocuparon tres hojas completas en el sumario.
En el juicio dijo que estaba harto de que nadie quisiese hablar con él, y que viajaba tanto en avión porque sus compañeros de vuelo no tenían otra salida que escucharle mientras durase el viaje.

La masacre

El 28 de Abril de 1996 se dirigió a la zona turística de Port Arthur. Una vez allí fue a un establecimiento hotelero que su padre había intentado comprar y mató al matrimonio que lo regentaba. Despoués se dirigió al restaurante Broad Arrow con una bolsa de deportes azul y se sentó en la terraza. Al finalizar su consumición, la pagó y se dirigió al interior, donde colocó una cámara de video en una mesa vacía. Acto seguido, y sin mediar palabra, sacó un rifle semiautomático de asalto modelo AR15 y abrió fuego. En cuestión de segundos, y con tan sólo 29 disparos, mató a veinte clientes e hirió a otros 15. Luego se fugó en su coche y a 300 metros del local disparó contra una mujer que paseaba con sus dos hijos. Su hijo mayor escapó corriendo, pero Martin lo siguió y lo mató de un disparo en la cabeza. Después paró a punta de pistola un BMW que pasaba por allí y mató a sus ocupantes. Mientras conducía este vehículo, lo detuvo junto a otro coche que había paracado en el arcén. Ordenó al hombre que se bajase y se metiese en el maletero. Cuando éste lo hizo abrió fuego contra el vehículo, matando a la mujer que lo conducía. Entonces se dirigió al hostal en el que había cometido sus dos primeros crímenes, sacó al rehén del coche, le prendió fuego al BMW y se atrincheró. Cuando la policía llegó, intentaron negociar con él hasta que la batería de su móvil se agotó. Durante estas conversaciones, se oyó una detonación a través del teléfono: Martin había ejecutado a su rehén.
A la mañana siguiente prendió fuego al hostal y trató de huir aprovechando la confusión, aunque fue capturado con quemaduras en la espalda y en las nalgas.
una vez recuperado de las heridas, fue sometido a un examen en el que se le declaró apto para ser juzgado a partir del 7 de Noviembre de 1996. Dos semanas más tarde lo condenaron a 35 cadenas perpetuas (tantas como asesinatos) y a un plus de 1035 años por todos los otros delitos relacionados con la masacre.
Ya en prisión intentó suicidarse en seis ocasiones, aunque en todas lo detuvieron a tiempo.
Desde el 13 de Noviembre de 2006 se encuentra recluido en el centro Wilfred Lopes, donde está con otros 34 internos en un régimen de semilibertad. Las celdas no están cerradas y pueden interactuar entre ellos. La única diferencia de Martin con respecto al resto de internos es que él jamás saldrá a la calle.

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