Marcel Petiot

Marcel Petiot nació el 17 de enero de 1897 en la localidad de Auxerre, en el departamento de Yonne. Su padre murió cuando él tenía tan sólo cinco años y su madre murió tres años después, así que el niño fue cuidado por varios tíos y tías. Se dice que esto pudo haber influído mucho en su personalidad.
De pequeño demostró una inteligencia considerable, pero al mismo tiempo revelaba ciertas tendencias sádicas que preocupaban a quienes le rodeaban: desde sumergir las patas de su gato en un cazo de agua hirviendo hasta asfixiar a este mismo animal con sus propias manos,

Marcel Petiot

o torturar a otros animales sacándoles los ojos para divertirse mirando como éstos se golpeaban contra las paredes una vez ciegos.
Su personalidad acabó abarcando la cleptomanía, la piromanía, la crueldad con los animales, ludopatía crónica, además de serios y continuos ataques depresivos, una avanzada paranoia y una melancolía crónica, todo ello sumado a sus mentiras compulsivas y su actitud de desprecio hacia toda la sociedad o su sangre fría casi carente de sentimientos. Lo que da un caldo de cultivo ideal para una personalidad sociópata.
Durante la Primera Guerra Mundial, estando alistado en el Ejército francés, resultó herido en el pie por el estallido de una granada, siendo licenciado del Ejército a principios de 1918, por este hecho y por su controvertida personalidad.
A pesar de todo esto,  u encanto personal le ayudó a ganar prestigio en el ámbito profesional como médico y en una carrera política que inició como concejal, aunque ese encanto ocultase un carácter carente de escrúpulos. En 1921 finalizó estudios de Medicina, ayudado por becas para los antiguos combatientes de guerra. Abrió una consulta pofesional en Villeneuve-sur-Yonne en 1922, haciéndose rápidamente un nombre por su distribución de vacunas gratuitas, y también por su cleptomanía.
En 1927 logró ser elegido alcalde de Villeneuve-sur-Yonne, a la vez que contraía matrimonio con Georgette Lablais, hija de un conocido comerciante de la localidad. En 1935, acusado de malversación de fondos y de apropiación de fondos públicos (acusaciones demostradas), tuvo que abandonar la alcaldía y la propia localidad, instalándose en París, donde abrió consulta.
En 1936 fue arrestado por robo, escapando a la pena de cárcel al ser considerado como enfermo mental, siendo ingresado un tiempo en una clínica psiquiátrica.
En 1941, ya bajo la ocupación alemana de Francia, compró una casa en la calle Le Sueur, residencia que reformó visiblemente, con la finalidad de elevar los muros de la casa impidiendo la vista desde el exterior y adaptándola como consultorio médico. Posteriormente, durante las pesquisas policiales, se descubiriría que la había equipado en el sótano con una cámara de gas con mirilla para espiar la muerte de sus víctimas y con un pozo lleno de cal viva.
A partir de 1943, empezó a proponer a personas que huían de la Gestapo que las haría llegar en forma clandestina a la Argentina, para lo que les hacía acudir por la noche a su residencia. Con el nombre de doctor Eugenio (docteur Eugène) organizó de ese modo una presunta red de la Resistencia francesa, aunque sus pretendidos evadidos jamás alcanzaron la seguridad en Argentina. Su red fue descubierta por los servicios secretos alemanes, con lo que Marcel Petiot fue detenido y torturado; tras lograr ser liberado, se refugió en Yonne. El 11 de marzo de 1944 la Policía acudió a casa del doctor Petiot, alertada por los atemorizados vecinos que observaban salir de la chimenea una grasienta humareda negra y un hedor insoportable. La chimenea corría el riesgo de incendiarse, pues ya se veían las llamas sobresaliendo amenazadoras y no tardaron en acudir los bomberos, quienes lograron entrar en la casa a través del sótano. Allí descubrieron, sin dar crédito a lo que veían, el espantoso combustible que alimentaba las llamas: un montón de cuerpos desmembrados. Se consiguieron demostrar 24 muertes pero pudieron ser muchas más en realidad.
Momentos más tarde acudió la policía, y el doctor Marcel Petiot les explicó con orgullo que aquellos eran “sus” cadáveres, los restos de alemanes y colaboracionistas pro-nazis que habían sido asesinados por la Resistencia francesa y confiados a su custodia para que se deshiciese de ellos. Los agentes aceptaron la explicación y lo dejaron ir, no sin antes felicitarlo por tener esas dotes de patriotismo.
Petiot aseguró que era miembro de la Resistencia y que sus víctimas habían sido sesenta y tres. Al igual que los veintisiete cadáveres encontrados en el sótano, los agentes dieron por hecho que se trataba de más soldados alemanes. Pero cuando se constató que aquellas muertes no tenían que ver con la ejecución de colaboradores nazis, Petiot ya había huido en su bicicleta. A partir de ahí se llevó a cabo un minucioso registro de la casa, hallando, además de los cadáveres despedazados, casi ciento cincuenta kilogramos de tejido corporal calcinado y otros muchos cuerpos descomponiéndose en un pozo del garaje que contenía cal viva. Al cabo de un tiempo de anonimato, Petiot inició una serie de correspondencia con el periódico Resistance, bajo otro nombre, pero sin modificar su letra (lo que ayudaría a su identificación), diciendo que la Gestapo había metido en su casa los cadáveres. Gracias a eso fue de nuevo detenido el 2 de noviembre de 1944.
Su juicio comenzó en el Tribunal del Sena el 15 de marzo de 1945, ahí se descubrió la verdadera faceta del doctor. No era un luchador clandestino por la libertad, sino un criminal totalmente degenerado.
Se le acusaba de veintisiete asesinatos por las evidencias de su sótano. Su hermano Maurice, quien le proporcionaba la cal, alegó que Petiot la utilizaba contra las cucarachas, pero el enorme volumen de 400 kilogramos suministrados sirvió para inculparlo por complicidad necesaria.
Mientras se hallaba detenido a la espera del juicio, Petiot en todo momento comentaba jocosamente a los guardianes de su prisión:
“No dejen de acudir a mi juicio, va a ser maravilloso y se va a reír todo el mundo”
Y, curiosamente, no les mentía: ese juicio fue uno de los más surrealistas y confusos en la historia de Francia.
A veces, tanto el acusado como el abogado dormían plácidamente en sus asientos, e incluso llegó a haber insultos entre la defensa y el acusado. Marcel llegó a acusar a su abogado de ser un defensor de “traidores y de judíos” , a lo que éste, furioso, le amenazó con partirle la boca en la misma sala.
La acusación afirmó que Petiot atraía a ricos judíos a la rue Le Sueur con el pretexto que les ayudaría a escapar del acoso de las fuerzas alemanas hacia otros países. Luego, les quitaba la vida por medio de inyecciones letales que les administraba con el pretexto de cumplir con las formalidades sanitarias extranjeras, después los despojaba de todo el dinero y objetos de valor que poseían.
Al final de tres semanas de juicio, el jurado lo declaró culpable de veinticuatro de las veintisiete acusaciones y en cuanto se dictó el veredicto de culpabilidad se establecieron una serie de indemnizaciones a favor de los familiares de las víctimas.
El 4 de abril de 1946, Marcel fue condenado a la guillotina, pero el asesino, lejos de mostrarse asustado en el momento de su muerte dijo con más ironía que nunca a los testigos de la ejecución:

“Caballeros, les ruego que no miren. No va a ser bonito”

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