El arropiero

Manuel Delgado Villegas nació el 25 de enero de 1943, en Sevilla.
Bajo el nombre de “El Arropiero” está considerado el peor asesino de la historia criminal española. Con sus fuertes manos, a veces ayudándose de objetos contundentes, acabó con la vida de un número indeterminado de personas. Utilizaba el mortal golpe en el cuello que aprendió en la Legión.

Manuel Delgado Villegas

En algunas ocasiones abusaba sexualmente de los cadáveres de sus víctimas. Se declaró autor de cuarenta y ocho asesinatos, aunque la policía redujo esta enorme lista a una más verosímil de sólo veintidós crímenes. Su primer abogado defensor, sin embargo, siempre ha pensado que fue el “más grande asesino de la historia”.
Manuel Delgado Villegas dejó atónitos a los policías que lo interrogaban. Confesó una cantidad tan enorme de crímenes, y de una manera tan precisa y fría, que los agentes de la ley no quisieron dar crédito a su relato, aunque consiguieron probarle siete de ellos.
El 21 de enero de 1964, en la playa de Llorach, en Garraf, “El Arropiero” se acercó a un hombre que dormía apoyado en un muro y le destrozó el cráneo con una piedra. Después le robó la cartera y el reloj. El muerto resultó ser Adolfo Folch Muntaner, un cocinero de 49 años.
El 20 de junio de 1967, en Ibiza, sorprendió a una joven estudiante francesa, Margaret Helene Boudrie, de veintiún años. La mató y abusó de su cadáver.
Venancio Hernández Carrasco, vecino de Chichón, había salido a trabajar en un viñedo de su propiedad, a orillas del río Tajuña, cuando se vio sorprendido por un hombre que le pidió comida. Venancio Hernández le dijo que si quería comer que trabajase, que era joven y fuerte. Esta recomendación le costó la vida. Delgado Villegas le atacó con su “golpe legionario”, el revés con el canto de la mano en el cuello, y lo arrojó al río. En Barcelona, se hizo amigo del dueño de un almacén de muebles, Ramón Estrada Saldrich. El 5 de abril de 1969, le pidió mil pesetas y Estrada se negó a dárselas. El asesino utilizó su golpe favorito y después trató de estrangularle. Se llevó las sortijas, el reloj y la cartera, dejando a su víctima inconsciente y malherida. Moriría más tarde en el hospital.
El 23 de noviembre de 1969 asaltó a una anciana de sesenta y ocho años de edad, Anastasia Borrella Moreno, en Mataró, y le propuso relaciones carnales. La mujer le amenazó con llamar a la policía y la mató a golpes con un ladrillo arrojándola por un puente. Bajó para esconderla en un túnel y abuso de su cadáver. Este acto de necrofilia lo repitió animosamente todas las noches hasta que el cadáver fue encontrado.
El 3 de diciembre de 1970, Francisco Marín Ramírez, un estudiante cordobés, cometió un error imperdonable. Según el criminal, intentó acariciarle mientras ambos iban en una moto. “El Arropiero” detuvo la moto y le golpeó en el cuello. Francisco se quedó sin respiración y le pidió que lo llevara al río. Allí, según Villegas, volvió a insinuársele y por eso lo tiró al agua.
El último asesinato que le probaron fue la muerte de su novia, Antonia Rodríguez Relinque, de treinta y ocho años. El día del crimen, la llevó en moto a un lugar, en el campo, donde mantuvieron relaciones sexuales. Estranguló a Antonia con sus propios leotardos mientras hacían el amor. “El Arropiero” cometía sus asesinatos guiado por un impulso asesino irrefrenable.
Fue detenido el 18 de enero de 1971 pero, aunque fue culpado por sus crímenes, nunca fue juzgado. Al serle detectada una grave enfermedad mental, se le declaró falto de responsabilidad penal y la Audiencia Nacional ordenó en 1978 su internamiento en un psiquiátrico. Estuvo mucho tiempo recluido en Carabanchel y después fue trasladado al centro penitenciario de Fontcalent (Alicante). Allí fue tratado de esquizofrenia, que se completaba con un cuadro megalomaníaco, desorientación espacio-temporal y tendencia al autismo. En 1996 fue trasladado al psiquiátrico de Santa Coloma de Gramanet (Barcelona), para que estuviera más cerca de su familia. Debido a su desmedida adicción al tabaco, desarrolló una Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC) que acabaría con su vida el 2 de febrero de 1998.

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