La silla

Se le llama “La Silla” a un aparato medieval que se empleaba para hacer interrogatorios. El reo era atado a una silla mientras el alguacil de turno le preguntaba sobre las cuestiones que le habían llevado a ser detenido o detenida. ¿Cual era la peculiaridad de este sistema que parece normal a simple vista?

Silla de interrogatorio
Silla de interrogatorio

La “Silla” era una especie de trono que estaba completamente forrada con pinchos, de entre tres y cinco centímetros de longitud, y que tenía unas gruesas correas de cuero con el objetivo de inmovilizar. Obviamente, y al estar atado, el sospechoso (o sospechosa) notaba como estas puntas de hierro se le iban clavando en la carne. Después de ser desnudada, la víctima era sentada en la silla y atada sin demasiada fuerza, con la intención de inmovilizarla más que nada. Tras esto, comenzaba el interrogatorio. En función de la “colaboración”, las correas iban apretándose con mayor o menor fuerza. En casos difíciles, llegaban a ponerle pesos encima, con lo que el tormento era mayor, e incluso llegó a obligarse a los verdugos sentarse encima de la víctima. Sin embargo, este último recurso apenas se aplicaba, debido a que con el peso de otra (u otras dos) persona, los clavos se incaban con gran profundidad en las carnes del acusado, lo que acababa irremisiblemente con la muerte de éste por desangre.
Este era el sistema preferido por los inquisidores en los interrogatorios durante el siglo XVII.

Esta entrada fue publicada en Tortura.

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