La Quintrala

Catalina de los Ríos y Lísperguer nació en Santiago de Chile en el año 1604, hija de dos poderosos terratenientes, Gonzalo de los Ríos y Encío y Catalina Lísperguer y Flores. Tenían una fortuna inmensa, y ya sus familias se contaban entre las más poderosas de la sociedad chilena del siglo VXI.

Catalina de los Ríos y Lísperguer
Catalina de los Ríos y Lísperguer

Tuvo una hermana mayor, llamada Águeda, quien se casó con un rico peruano. A pesar de la enorme fortuna de su familia, no consideraron oportuno darle una excesiva educación dada su condición de mujer. Algo habitual en el 1600, todo sea dicho. De hecho, apenas sí sabía leer, y prácticamente tampoco escribir, tal y como se puede observar en su testamento manuscrito por ella misma. Solía decirse que su apodo (La Quintrala) venía dado por una perversión de su nombre de pila, aunque lo cierto es que proviene de los frutos del quintral, un arbusto espinoso que tiene un fruto rojo, igual que el color del cabello de Catalina, con el que se dice que azotaba a los esclavos. Con los años, la joven Catalina llegó a convertirse en una auténtica belleza, con una alta figura bien proporcionada, una expléndida cabellera pelirroja y unos preciosos ojos verdes, mezcla de su ascendencia amerindia, española y alemana. El obispo Francisco González de Salcedo llegó a decir que su belleza “la hacía sexualmente muy atractiva a los hombres”, según se recoge en una de sus crónicas datada en torno al año 1630. Su abuela Águeda Flores, quien desde la muerte de sus padres era su tutora, buscó a un hombre con quien casarla, ofreciendo una generosa dote. La novia llevó al matrimonio 45.349 pesos, suma muy grande en aquella época. En septiembre de 1626, a los 22 años, Catalina contrajo matrimonio de conveniencia con el soldado español, Alonso de Campofrío y Carvajal, cuya familia era de poca importancia y riqueza, pero que inmediatamente comenzó a ascender en cargos públicos, reemplazando incluso a algunos parientes de Catalina, como a Rodolfo Lísperguer en el cargo de alcalde. El cura que los casó fue Pedro Figueroa, y Catalina jamás se lo perdonó ya que ella estaba enamorada del sacerdote; incluso se dice que intentó asesinarlo. En 1627 dió a luz al que sería su único hijo, llamado Gonzalo, quien moriría poco después. Al año siguiente, 1628, su hermana Águeda (quien vivía desde hacía más de quince años en Perú) también falleció, quedándose Catalina con la titularidad de todas las propiedades de la familia.

En el año 1624 Catalina había invitado a reunirse con ella a un rico heredero de Santiago. Éste aceptó, y en cuanto se reunieron, Catalina lo asesinó a cuchilladas. Posteriormente, culparía a una esclava del crimen, y ésta sería a su vez ejecutada en la Plaza de Armas. En otra ocasión, reunida con un antiguo amante llamadoEnrique Enríquez, le asestó abundantes puñaladas, causándole la muerte. En el año 1633, Catalina intentó quitar la vida de Luis Vázquez, clérigo en La Ligua, por haberle reprochado su crueldad con los esclavos y su vida libertina.
También se habían sucedido bastantes crueldades hacia los esclavos pero, claro, eran esclavos y nadie se molestó en anotarles tan siquiera.
De lo poco que trascendió, se sabe que hacia 1635 un esclavo de nombre Ñatucón-Jetón fue horriblemente asesinado. Como quiera que no había mayor interés en descubrir nada (pues “solo se trataba de un esclavo”), el cuerpo permaneció en el camino principal de la hacienda durante dos semanas. No se le daba importancia, y, paradójicamente, cada vez se alzaban más voces en contra de la brutal maldad de Catalina. Sin embargo, al ser una persona tan influyente, tendría que hacer cosas mucho peores para que no pudiese ser librada de la Justicia por sus contactos.
Y las hizo.
En el año 1660 los rumores ya eran voces a grito, las torturas en la hacienda El Ingenio (donde residía) ya eran de dominio público. Habían pasado ya más de veinticinco años desde que se empezaran a conocer sus atrocidades y la Real Audiencia decidió ponerle freno. A esas alturas ya nada podía excusar a La Quintrala, no había familiares que pudiesen ejercer más presión de la que ya se había hecho. Se encargó a Francisco de Millán, el secretario de la Audiencia, que se personase en la hacienda y recabase información. Dos semanas más tarde, a la vista de los primeros informes, se envió a Juan de la Peña Salazar a detener inmediatamente a La Quintrala. Fue conducida a Santiago, donde se inició un extraño juicio, en el que los cargos eran abrumadores y la mayor parte de los jueces eran familiares directos de Catalina. A consecuencia de ésto, el juicio se fue ralentizando, hasta estancarse y, obviamente, liberar a Catalina.
El 15 de Enero de 1665, a la edad de 61 años, fallecía en su hacienda El Ingenio La Quintrala.
No se sabe a ciencia cierta a cuanta gente asesinó u ordenó asesinar; en su juicio, se le acusaba de al menos cuarenta muertes. Expertos historiadores señalan, sin embargo, que debido al enorme tamaño de sus propiedades y a la enorme cantidad de esclavos que poseía, la cifra podía alcanzar los 250 asesinatos, o incluso superarlos. Eso ya es algo que jamás sabremos.

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