Albert Hamilton Fish

Hamilton Fish nació en Washington el 19 de Mayo de 1870. Su padre (que era cuarenta y tres años mayor que su madre) falleció cualdo el pequeño Hamilton tenía cinco años, motivo por el que su madre lo envió a un orfanato. Allí le apodaron “Ham and Eggs” (Jamón y huevos), por lo que decidió que de ahí en adelante le llamasen Albert. En dicho centro, el resto de internos le pegaban frecuentemente, y Albert empezó a notar que le gustaba. De hecho, solía tener erecciones cada vez que le pegaban, con lo que sus compañeros volvían a agredirlo. Cuando contaba con unos 10-11 años, su madre lo recogió de nuevo, puesto que ya tenía trabajo y era capaz de mantenerle. Sin embargo, la estancia el el orfanato había marcado ya irremisiblemente al pequeño “Albert”.
Corría el año 1882 y empezó a tener relaciones con el hijo de un telegrafista algo mayor que él. Según su confesión, en aquellos tiempos empezó a desarrollar el gusto por la escatología, puesto que se entregaba gustosamente a prácticas de coprofagia.
A los veinte años llega a Nueva York, donde empieza a ejercer, según sus palabras, de “prostituta masculina”. En esa época, también se le despertó el gusto por la violación de niños. También comienza a sufrir alucinaciones de tipo religioso y vive obsesionado con la idea del pecado, creyendo que la única forma posible de expiación es a través del sacrificio personal y el dolor. Él mismo se inflige castigos masoquistas automutilándose, frotando por su cuerpo desnudo rosas con espinas, hundiéndose agujas de marinero en la pelvis y en los órganos genitales… En una ocasión es sorprendido en su habitación completamente desnudo, masturbándose con una mano y con la otra golpeándose la espalda con un palo del que sobresalen unos clavos. A cada golpe grita de dolor, mientras la sangre se desliza por sus nalgas.
En 1898, su madre le arregló un matrimonio con una joven, con la que llegó a tener seis hijos.Oficialmente, fue detenido ocho veces: la primera por tentativa de estafa, luego por robo, por pago con cheques sin fondos, por cartas obscenas a los anuncios de agencias matrimoniales de los periódicos y otras “lindezas” similares.
En alguna ocasión afirmó ser Jesucristo, que San Juan le hablaba y que el mismo Dios le ordenaba cometer sacrificios humanos.
Lo internaron tres veces en un hospital psiquiátrico, dejándolo salir al poco tiempo en cada ocasión, tras considerar que no era peligroso ni estaba loco, sino que simplemente sufría una personalidad psicopática de carácter sexual.
A pesar de todos estos delitos, la policía neoyorquina tardaría nada menos que seis años para poder inculparlo por asesinato.
“Escuchaba voces que me decían cosas y, cuando no las comprendía todas, trataba de interpretarlas con mis lecturas de la Biblia… Entonces supe que debería ofrecer uno de mis hijos en sacrificio para purificarme a los ojos de Dios de las abominaciones y los pecados que había cometido. Tenía visiones de cuerpos torturados en cualquier lugar del Infierno…”
Albert Fish fue capturado por la policía el 13 Diciembre de 1935. Lo consiguieron gracias a una carta de Fish enviada a la madre de la víctima que había secuestrado, en dónde le cuenta sus aficiones por el canibalismo y cómo se decidió a probar carne humana por primera vez con el cuerpo de su hija:
“Querida señora Budd:

Hace algunos años, mi amigo el capitán John Davis, zarpó de California hacia Hong-kong, que por aquel entonces padecía los problemas del hambre; las calles se habían vuelto muy peligrosas para los niños entre 9 y 12 años porque tenían la costumbre de matarlos y cortarlos en pedazos y vender su carne como alimento.
Antes de zarpar mi amigo, rapto a dos niños, los mató, los cortó en pedazos, guisó su carne, y se la comió.
Esa es la razón de que hace algunos años yo acudiera a su casa el 3 de junio de 1928 con el pretexto de acompañar a su hija a la fiesta que daba mi hermana me la lleve a una casa abandonada, que había en Westcher County donde la estrangulé la corte en pedazos y comí parte de su carne. Tranquila no me la tiré; murió siendo virgen”

Su aspecto era completamente normal y aparantaba una gran fragilidad debido a sus avanzada edad. Tras leerla y sufrir un gran shock, se puso en contacto con la policía que tras investigar lograron encontrar la procedencia de la carta, siguieron la pista de Albert Fish y lo detuvieron. 
En su declaración afirmó que tras matar a la niña le cortó la cabeza con un cuchill de cocina y partió su cuerpo en dos con una sierra a la altura del ombligo.
El propio Fish lo reconocería:

 “No soy un demente, sólo soy un excéntrico. A veces ni yo mismo me comprendo”.

Una vez detenido, se confesó además autor de otros muchos crímenes y demás aberraciones que había estado llevando a cabo durante toda su vida: su deseo irresistible de comer carne cruda las noches de luna llena, que le valdría el apodo de “el Maníaco de la Luna”, sus crímenes más atroces, algún acto de vampirismo como el caso de una niña de 4 años a la que flageló hasta que la sangre resbalaba por sus piernas, luego le cortó las orejas, la nariz y los ojos, le abrió el vientre y recogió su sangre para bebérsela a continuación, además de desmembrarla y prepararse un estofado con las partes más tiernas.

“…Decidí comérmela. La llevé a una casa abandonada en Westchester en la que me había fijado. En el primer piso me desvestí completamente para evitar manchas de sangre. Cuando me vio desnudo se echó a llorar y quiso huir, pero la alcancé. La desnudé, se defendió mucho, me mordió y me hizo algunos rasguños. La estrangulé antes de cortarla en pedacitos para llevarme a casa toda su carne, cocinarla y comérmela. No pueden imaginar cuán tierno y sabroso estaba su culito asado. Tardé nueve días en comérmela por completo. No me la tiré, aunque hubiese podido hacerlo de haberlo querido, murió virgen”

También narró la historia de un joven vagabundo al que obligó a realizar toda clase de actos sádicos, masoquistas y coprófagos durante dos semanas, además de cortarle las nalgas en varias ocasiones para beber su sangre. Finalmente intentó cortarle el pene con unas tijeras, pero cambió de opinión al ver el sufrimiento del chico y arrepentido le dió diez dólares dejándolo huir.
Ante el psiquiatra explicó que por orden divina se veía obligado a torturar y matar niños, el comérselos le provocaba un éxtasis sexual muy prolongado.
También confesó las emociones que experimentaba al comerse sus propios excrementos, y el obsceno placer que le producía introducirse trozos de algodón empapado en alcohol dentro del recto y prenderles fuego. Los hijos de Fish contaron cómo habían visto a su padre golpeándose el cuerpo desnudo con tablones claveteados hasta hacer brotar sangre. En alguna ocasión había intentado introducirse agujas debajo de las uñas, pero no tardó en renunciar a ello cuando el dolor se hizo insoportable.
Durante el juicio quedó probado que realizó todo tipo de perversiones con más de 100 niños matando además a 15. Se descubrió también su extraño gusto por hacerse daño a sí mismo, uno de sus sistemas favoritos era clavarse agujas alrededor de los genitales.


Una radiografía descubrió un total de 29 agujas en el interior de su cuerpo (algunas con tanto tiempo que habían empezado a oxidarse). En alguna ocasión había intentado introducirse agujas debajo de las uñas, pero no tardó en renunciar a ello cuando el dolor se hizo insoportable.
Estas declaraciones acerca de sus víctimas le cuestan a Fish la sentencia de culpable por crímenes con premeditación tras diagnosticarlo psicótico, pero cuerdo.
Es condenado a la silla eléctrica y ejecutado en la prisión de Sing Sing el 16 de enero de 1936.
Cuando se le preguntaba por la cifra exacta, respondía sonriendo: “Por lo menos cien”.
Tubo una sorprendente reacción después de ayudar a los guardias a colocarle los electrodos, y se mostró entusiasmado.
Tan entusiasmado que incluso exclamó:

“¡¡Que alegría morir en la silla eléctrica!! ¡¡Será el último escalofrío. El único que todavía no he experimentado!!”

Albert Fish se llevaría a la tumba su mayor secreto, el número de personas que habría asesinado. Las opiniones de los psicólogos son contrastadas en ese aspecto, unos hablan de varios centenares de víctimas, mientras que otros estiman que no hubo más de cincuenta. Finalmente se le acusa de haber asesinado un total de 15 niños, la gran mayoría procedentes de las capas más pobres de la población.

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