Los asesinos nocturnos

Son conocidos como los “Asesinos Nocturnos” Vladislav Volkovich y Vladimir Kondratenko, dos ucranianos nacidos en el año 1967 en Kiev, que entre 1991 y 1997 asesinaron a dieciséis personas. La mayoría de ellas murieron por disparos realizados con carabinas del calibre 22, si bien todas eran brutalmente golpeadas antes.

En su declaración, alegaron que comenzaron a matar con la intención de realizar una especie de “entrenamiento” para llegar a trabajar como asesinos a sueldo. Dijeron que comenzaron dicha preparación con vagabundos, pero después ya lo empezaron a hacer por diversión y, como no, por lucro.

El 18 de Junio de 1996, apareció el cadáver de Evgeniy Osechkin, un empleado de fábrica de cuarenta y cuatro años de edad, en la estación de ferrocarril de Karavaevy Dachi, ubicada justo a las afueras de Kiev, después de que un comunicante anónimo llamase a la policía diciendo que alguien acababa de disparar a una persona con una pistola con silenciador. No obstante, las pruebas forenses demostraron que de pistola, nada; se trataba de una bala de rifle del calibre 22. Tras una investigación, se determinó que aparentemente Evgeniy no tenía enemigos. También se descartó un asesinato por robo, ya que en un bolsillo del cadáver aún se encontraba el sobre con el salario que Osechkin había recibido ese mismo día.

Pronto se dieron cuenta, además, que unos meses antes un vagabundo había sido asesinado a disparos a poco más de cien metros de allí. Disparos del calibre 22. La policía comenzó a detener sospechosos, pero todos cuantos fueron arrestados tenían coartadas contrastadas.

Dos semanas más tarde, un conocido médico de la zona, Aleksandr Egorov, fue acribillado a balazos en su coche, a plena luz del día. Varios testigos afirmaron que se trataba de un hombre joven solo, de unos treinta años. Menos de una hora después del asesinato de Aleksandr, se encontró otra víctima, un hombre que había sido apuñalado en varias ocasiones y rematado con un disparo del calibre 22. Se describió a un hombre visto merodeando por la zona coincidío con la del otro sospechoso, y se recuperaron huellas de ambas escenas.

Sin embargo, dichas huellas no arrojaban ningún resultado en las bases de datos, y la descripción no ofrecía ninguna clase de pista. La investigación se hallaba en punto muerto hasta que, dos semanas más tarde, aparecía una nueva víctima. Se trataba de Aleksandr Shpack, quien poco antes del crimen había ido con su novia a una fiesta de cumpleaños. Después de emborracharse, dos individuos y Shpack comenzaron a discutir, puesto que estos dos estaban arruinando la fiesta. Salieron fuera los cuatro, y poco después se encontró el cadáver de Aleksandr, tiroteado y apuñalado. La descripción de los dos individuos hecha por la novia interesó mucho a la policía, así como el detalle de que uno de ellos se llamaba Vladimir.

El 4 de Septiembre apareció otra víctima tirada en la calle; de nuevo era un hombre que había sido apuñalado y rematado a disparos. Los casquillos de bala encontrados coincidían con los de los otros asesinatos de la zona. Sin embargo, la víctima (un vagabundo) nunca fue identificado y la investigación volvió a estancarse.

El 28 de Septiembre, Petr Gromov estaba muerto tirado en la calle. Antes de rematarle con dos tiros en la cabeza, había sido apuñalado en numerosas ocasiones. A continuación, los agresores lo empujaron fuera del vehículo y se dieron a la fuga en él, aunque fue localizado un par de calles más abajo: con los disparos, habían roto el cristal delantero y agujereado el techo. Sin duda se dieron cuenta de que un coche así llamaría demasiado la atención, por lo que procedieron a abandonarlo.

Los investigadores estaban ya convencidos de que estaban detrás de un par de asesinos en serie que buscaban víctimas masculinas de a partir de 30-35 años. Registrando apartamentos cerca del lugar del último crimen, encontraron a una mujer que dijo conocer a alguien con la descripción que le facilitaron: se llamaba Vladimir y vivía muy cerca de allí. Inmediatamente, la policía se dirigió al edificio que la mujer les indicó. Descubrieron una puerta que no estaba cerrada, si no simplemente arrimada. Cuando entraron, apareció el cadáver de Aleksandr Bykov, quien estimaron que había sido asesinado unos cinco días atrás (sobre el 23 de Septiembre). Se encontraron también con que se habían puesto varias señales entre la puerta y el marco, que cayeron al suelo una vez abierta la puerta; evidentemente, las habían dejado para saber si alguien había y entrado y, en ese caso, no volverían. Se puso el edificio en vigilancia constante, que dió sus frutos; tres días más tarde se aproximó un hombre que coincidía con la descripción que tenían. Sin embargo, alguien le avisó y el hombre se perdió en un mercado cercano.

A estas alturas, otras cinco muertes parecían relacionas con armas del calibre 22; había once muertos conocidos, y nada hacía pensar que fuesen los únicos.

En algunas de las fotos tomadas en la escena del crimen de Bykov salía un hombre que coincidía bastante con el retrato de un sospechoso, de Vladimir. La policía enseñó las imágenes a los habitantes de la zona y rápidamente identificaron a aquel hombre como Vladimir Dmitrievich Kondratenko, aunque nadie supo precisar su dirección. Prosiguió entonces la vigilancia del edificio, y un día vieron a Vladimir deambulando por la zona con otro hombre que también coincidía con la imagen del sospechoso, y no era otro que Vladislav Volkovich. Se informó a la central, desde donde ordenaron su detención inmediata. Al ser arrestados, confesaron una víctima más, una mujer sin identificar que habían atropellado en un coche robado mientras conducían (no dijeron de quién se trataba el conductor) borrachos a gran velocidad. El coche había sido robado para perpetrar un atraco, en el que preveían matar al guardia de seguridad.

Una vez en comisaría, declararon veinte asesinatos, así como numerosos atracos y robos de coches.

Explicaron también por qué los testigos sólo veían uno de ellos cada vez. Por lo general, Volkovich hacía autoestop. Una vez que le paraban, le preguntaba al conductor si podía llevarle hasta donde estaba un amigo que estaba esperando por él para darle una caja. Cuando llegaban, el amigo no era otro que Kondratenko y el contenido de la caja no era otra cosa que un rifle TOZ 16. Entonces, si no había testigos en la zona, Kondratenko disparaba al conductor, al mismo tiempo que Volkovich comenzaba a apuñalarle ferozmente. En caso contrario, se bajaba del coche, cogía la caja y se iban los dos caminando tranquilamente.

Rápidamente fueron puestos a disposición judicial, y su juicio comenzó casi en ese momento (cosa extraña en la Justicia). Declararon el asesinato de veinte personas, pero como quiera que los cuatro primeros asesinados, todos vagabundos, jamás fueron reclamados ni encontrados, se enfrentaron a las otras dieciséis muertes. También se incriminó a otras dos personas:

– Andrei Timoshin, un inspector de aduanas jubilado  que fue encausado por colaboración en uno de los asesinatos y robo de vehículo.

–  Sergei Tretyachenko, un transportista, por los mismos delitos que el anterior.

Pocos días antes de que el juicio comenzase, Kondratenko ingirió una sobredosis de medicamentos -oficialmente- y se declaró que se había suicidado. Después de esto, Volkovich cambió totalmente su declaración para inculpar a su antiguo c0mpañero de todas las muertes. Timoshin también, diciendo que el no tenía nada que ver, que simplemente le acompañaba en el momento que Kondratenko asesinaba a un taxista para robarle. Sin embargo, Kondratenko había dicho que le había hecho una oferta a Timoshin por matar por dinero a aquel hombre, con el que el inspector retirado tenía serios problemas, al parecer.

Finalmente, los tres encausados vivos fueron condenados a cadena perpetua en Agosto del año 2000. Incluso, se advirtió a Volkovich que, si por algún motivo Ucrania interrumpía la suspensión de la pena capital, su sentencia sería inmediatamente revisada y cambiada por un ajusticiamineto. 

 

Se cree que estos asesinos habrían sido la inspiración de los “Maníacos de Dnepropetrovsk

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