La guillotina

De entre todos los artilugios de los que ha empleado el ser humano para matar a sus congéneres legalmente, sin duda uno de los que antes nos viene a la cabeza es la guillotina. Aunque se asocia normalmente con la Revolución Francesa, éste artefacto se empezó a emplear bastante antes. 

Uno de los últimos modelos de guillotina

Uno de los últimos modelos de guillotina

La guillotina es un armazón vertical, en cuyos marcos lleva unos rieles por donde se desplaza una hoja de acero. Dicha hoja lleva un peso de plomo encima (normalmente entre sesenta y setenta kilogramos) que hace que, al ser liberada, descienda a enorme velocidad. En la base hay una plancha de madera inclinada en la cual se tumba el reo a ejecutar. Dicha base también tiene un pequeño cepo, donde se aprisiona la cabeza del sujeto, con un espacio para que la hoja pase. La muerte sobreviene por decapitación.

El nombre proviene del doctor Joseph Ignàce Guillotin, quien propuso emplear únicamente este sistema el 10 de Octubre de 1792 en el debate de la Asamblea sobre el código penal, debido a que era rápido, infalible y prácticamente indoloro (el cepo solía ser ajustado de forma violenta, provocando heridas). Se sabe que ya en el siglo XIII se empleaba en Alemania, en los Estados Pontificios y en Escocia.  La primera referencia que existe, es del llamado “Patíbulo de Halifax”, contruído en torno a 1066, aunque la primera referencia que hay data del año 1280. En 1564, se construyó en Escocia un artilugio muy similar al Patíbulo de Halifax, y se llamó “La Dama“. En los Estados Pontificios se le daba el nombre de Mannaia,  tal como describe Abbé de la Porte en su obra Voyageur Français, de publicación póstuma.

Sin embargo, es en la Revolución Francesa donde alcanza su, digamos, máximo explendor, puesto que los ajusticiaminetos con este aparato se cuentan por decenas de miles. De hecho, al poco de comenzar a usarse, el secretario de la Academia de Cirugía (doctor Antonio Luis) la perfeccionó dotándola de una base inclinada, para evitar cualquier posibilidad de error. Aún así, no se tiene constancia de ningún guillotinado que haya sobrevivido, ya que es imposible que un ser humano siga con vida después de quedarse sin cabeza.

El primer francés en sufrir esta suerte fue un bandido llamado “Pelletier“, el 27 de Mayo de 1792. El último, Hamida Djamboudi, condenado y ejecutado por asesinato el 10 de Septiembre de 1977.

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