Se conoce como damnatio ad bestias (en latín: “condenado a las bestias”) a un castigo empleado en la época romana, que además alcanzó una gran popularidad entre el pueblo romano cuando éste se practicaba en público.
Generalmente se reservaba para castigar a los criminales culpables de los peores crímenes, aunque posteriormente se comenzó a aplicar también a los primeros cristianos dado su carácter ejemplarizante.
Esta prática se originó en Asia en torno al siglo VI antes de nuestra era, donde se cree que se trataba de un ritual de índole religiosa a la par que un castigo.
En la Antigua Roma se empezó a utilizar unos cuatrocientos años más tarde (en torno al S. II a. C.) y fue llevada por Lucio Emilio Paulo el Macedónico y por su hijo, Publio Cornelio Escipión Emiliano Africano, llamado Escipión el Joven.
Originalmente consistía en introducir al prisionero en un recinto cerrado del que éste no podía escapar para a continuación soltar leones con hambre que a la postre acabarían matando al reo. Dada la crueldad de este método, no tardó en popularizarse en Roma, añadiendo otros elementos como una mayor variedad de animales (osos, leopardos, jaurías de perros e incluso elefantes) y variaciones como atar al prisionero a un poste, hacer que un gladiador lo sujetase o incluso transportar al prisionero en una pequeña plataforma móvil para ponerlo antes al alcance de las fieras.
Este tipo de ejecución estaba destinada originalmente a los que se consideraban los peores crímenes (tales como el patricidio, envenenamiento, uso de la magia o deserción del ejército entre otros). Sin embargo, con la persecución de los cristianos alcanzó unas altísimas cotas de popularidad y no tardó utilizarse casi en exclusiva para éstos. Surgió así una variante, los “christianos ad leones”, que consistía en ejecutar a grandes grupos de cristianos con leones, en ocasiones incluso familias enteras.
Fue una práctica especialmente popular entre los siglos I y III de nuestra era que fue cayendo en desuso poco a poco hasta su abolición por decreto en el año 681.

¡Menudo método! Nos ha dejado con la piel de gallina.Menos mal que hoy en día no se emplean estos métodos. Como siempre, un placer leer tu blog y enterarnos de cosas nuevas.
Saludos,
http://lahuella-delcrimen.blogspot.com/
Un caso curioso fue el empleado para finar a Locusta (Langosta), la envenenadora oficial de la familia Claudia.
Fue condenada a una Damnatio, en este caso especial, pues había sospechas de que se volviera en contra de la familia imperial y también para acallar ciertos rumores que corrían por roma, fue expuesta en público y condenada a ser violada por una jirafa macho, algo que seguramente en aquella época habría de ser magnífico de ver.
Según Apuleyo (quien vivió unos 100 años más tarde) parece ser que si, que antes del descuartizamiento preceptivo la sometieron a los abusos sexuales de un macho de jirafa.