Ted Bundy

Theodore Robert Cowell Bundy, más conocido como Ted Bundy, nació en Vermont el 24 de Noviembre de 1946. Su madre fue Louise Cowell y su padre un veterano de la fuerza aérea cuya identidad Bundy desconoció toda la vida. Tras su nacimiento, Louise fue a vivir con sus padres. Además, se le hizo creer al niño que sus abuelos eran sus padres y que su madre biológica era su hermana mayor.

Theodore Robert Cowell Bundy, "Ted Bundy"

Theodore Robert Cowell Bundy, "Ted Bundy"

Esta decisión se tomó con el objetivo de proteger a la joven de las críticas de la sociedad en contra de las madres solteras. Sin embargo esto resultaría negativo para Bundy, ya que en algún momento debía enterarse del engaño. A la edad de 4 años Bundy y su madre se mudaron a Tacoma, Washington, a vivir con otros parientes. En ese lugar la madre se enamoró de un cocinero del ejército llamado Johnnie Culpepper Bundy, con el cual se casó en mayo de 1951. De ese modo Ted asumió el apellido Bundy que conservaría toda la vida. La familia se amplió con cuatro hermanos más para Bundy y a pesar de que Johnnie trató de formar un lazo afectivo de padre a hijo con Ted incluyéndolo en todas las actividades familiares, aunque nunca daría resultado.
Estudió en la Universidad de Washington y en Puget Sound, además fue un alumno aplicado con muy buenas notas. En el plano laboral, consiguió empleos de bajo nivel, pero no duró mucho en ellos. Sus antiguos jefes lo recuerdan como alguien poco de fiar. Luego, en la primavera de 1967, entabló una relación amorosa con Leslie, una joven hermosa, inteligente y de buena familia, proveniente de San Francisco. La muchacha fue el sueño hecho realidad que Bundy imaginó toda su vida. Sin embargo, aunque Bundy la amaba, este amor no duró. En 1969, año que consigue graduarse de Psicología, la muchacha decidió terminar la relación con Bundy, ya que vio enormes huecos en su personalidad, principalmente la falta de dirección y objetivos claros en su vida. Ted nunca se recuperó de la ruptura, aquella muchacha se convirtió en toda una obsesión. Intentó seguir en contacto con ella escribiéndole cartas, aunque ella no cambió de decisión.
A raíz de la ruptura , Bundy dejó los estudios, pero de alguna manera rehizo sus asuntos y se volvió a inscribir en la universidad de Washington (esta vez en la carrera de Derecho). En dicha carrera era brillante y querido por sus profesores. En esta época inició un romance con Meg Anders, que duró aproximadamente cinco años. Ella venía de un reciente divorcio y tenía una hija, por lo tanto vio a Ted como una excelente oportunidad. A pesar de que sabia que él no la amaba tanto y de que ante la idea del matrimonio él demostró su desaprobación -pues creía que le faltaban muchas cosas por lograr antes de casarse- y, aparte de todo, que sospechaba que mantenía relaciones con otras mujeres, guardaba la esperanza de que cambiara para bien y que finalmente sentara cabeza al lado de ella y su hija. Meg Anders desconocía de la pasada relación de Bundy con la californiana y que aún mantenían comunicación entre ellos. Desde 1969 hasta 1972 todo fue en la dirección deseada, Bundy envió solicitudes de trabajo a varias escuelas de derecho y estuvo involucrado en actividades comunitarias. Incluso obtuvo una condecoración de la policía de Seattle por salvar a un pequeño de tres años de morir ahogado. Durante un viaje de trabajo a California en 1973, que se reencontró con su antigua novia. Al verlo, quedó impresionada por el enorme cambio que experimentó Bundy, y el tema del matrimonio salió a flote en varios de los encuentros amorosos que ambos sostuvieron en el verano e invierno. Ante estos cortejos la chica cayó de nuevo enamorada de Ted Bundy, pero repentinamente éste terminó la relación. Para febrero de 1974 se consumó la venganza, no devolviéndole ninguna llamada más a la muchacha. De hecho ella jamás volvió a saber nada de Bundy.
Una vez recluido confesó que espiaba a las chicas cambiarse de ropa, es decir, verlas desnudas, poco después comenzó a interesarse en la pornografía, leer revistas, pero más tarde a leer textos en los que la violencia ahoga al hecho sexual. Esto alimentó sus fantasías, por eso, el 4 de enero de 1974, Bundy entró al cuarto de Joni Lenz, una estudiante universitaria de 18 años. La golpeó con una palanca metálica, inclusive arrancó una pieza de la cama de la víctima y la agredió sexualmente con la misma. Al día siguiente, la mujer fue encontrada en un charco de su propia sangre. Sobrevivió pero con daño cerebral permanente. La siguiente fue Lynda Ann Healy, de 21 años, estudiante de psicología en la Universidad de Washington. El 31 de enero de 1974, Bundy logró colarse a su dormitorio y la golpeó dejándola inconsciente. La vistió para luego envolverla en una sábana. Sus restos decapitados fueron hallados un año después en las montañas cercanas. La noche de su desaparición, sus vecinos de pasillo nada pudieron escuchar, así que nadie notó la ausencia de la muchacha hasta el día siguiente, cuando sonó el despertador y el teléfono. Finalmente los padres se preocuparon ante la ausencia de Lynda, pero la policía consideró que no se podía establecer que algún crimen grave hubiera sido cometido, a pesar de hallarse en su habitación una funda de almohada y un par de sábanas ensangrentadas y en el armario su camisón con el cuello también ensangrentado.
Durante la primavera y verano de 1974, bajo similares circunstancias, siguieron desapareciendo jovencitas universitarias. Todas ellas eran mujeres atractivas, de cabello a los hombros, liso y de color oscuro. Igualmente, su desaparición fue descubierta por las mañanas, cuando se ausentaban de sus labores cotidianas. Al menos ocho víctimas se contabilizaron hasta que Bundy atacó a plena luz del día. Mientras tanto la policía comenzó la investigación; los testimonios apuntaban hacia un hombre a quien se identificaba por “Ted”, que solicitaba la ayuda de jovencitas que veía pasar. Se le veía en apuros cargando libros, pues traía un brazo enyesado o con un cabestrillo. Otras veces también se le vio en problemas para arrancar su Volkswagen. En otras ocasiones fue visto merodear el sitio donde habían desaparecido dos muchachas, así que la policía ya tenía varias pistas de quien podría ser el responsable de los crímenes.
El 9 de febrero, Carol Valenzuela desapareció de Vancouver, su cuerpo no fue descubierto hasta octubre junto con los restos de otra mujer que jamás ha podido ser identificada. Dos días después de la desaparición de Valenzuela, tuvo lugar en Holladay la desaparición de Nancy Wilcox, cuyo cuerpo jamás fue encontrado.
El 12 de marzo desapareció otra estudiante, Donna Mason, de 19 años. Fue vista con vida por última vez alrededor de las siete de la tarde dirigiéndose a un concierto de jazz en el campus.
Susan Rancourt, desapareció el 17 de abril mientras caminaba por los jardines del Central Washington State College. Debía encontrarse con un amigo para ir a ver una película alemana, pero nunca llegó a la cita. Fue vista por última vez a las nueve de la noche al salir de una reunión con uno de sus guías escolares.
La siguiente víctima de Bundy sería Roberta Parks, de 20 años. La secuestró mientras ella se dirigía al dormitorio de unas amigas para tomar un café. Bundy usó el truco de aparecer como lesionado y le pidió que le ayudase a subir algunas cosas a su coche.
El primero de junio de 1974, Brenda Ball salió de la Taverna Flame en Burien tras comentar a sus amigos que iba a buscar a alguien que la llevara a Sun City. Fue vista por última vez en el aparcamiento de la taberna charlando con un hombre con el brazo en cabestrillo. Sus amigos tardaron 19 días en darse cuenta de que jamás había llegado a su destino. El día 11 de ese mismo mes Bundy volvió a matar. Esta vez la víctima fue Georgann Hawkins, a quien secuestró detrás de un edificio universitario en Seattle. Georgann, tras salir de una reunión, pasó a despedirse de su novio y a recoger algunos libros que necesitaba para un examen de Español. Su compañera de cuarto se extrañó al ver que no llegaba y llamó al novio de Georgann quien le dijo que había salido de allí a la una de la madrugada. La compañera se preocupó y despertó a la encargada del dormitorio. Juntas esperaron su llegada hasta la mañana siguiente, cuando llamaron a la policía quiénes, habiendo sido alertados de otras desapariciones en el área, comenzaron a investigar inmediatamente.
El 14 de julio, una universitaria llamada Janice Ott dejó una nota a su compañera de cuarto diciendo que se iba a dar una vuelta en bicicleta por el parque Lake Sammamish. Los últimos en verla con vida fueron dos personas que vieron a un hombre hablando con la muchacha. Escucharon que el sujeto necesitaba ayuda para cargar su bote en el remolque, pues tenía un brazo enyesado, a lo cual la mujer accedió sin ningún problema. Bundy la secuestró frente a todo mundo en el parque sin levantar la menor sospecha. Había sido demasiado fácil, así que volvió y secuestró a otra víctima. Denise Naslund pasaba el día con su novio y amistades cuando fue al baño del parque. Igualmente, se apareció un hombre solicitando ayuda a un par de mujeres para cargar su barca, pero éstas dijeron que no podían ayudarlo. Caso contrario a Naslund que no pudo negarse a ayudar a un hombre con un brazo enyesado. Los restos de ambas jóvenes fueron encontrados en agosto de 1974, en el parque del Lago Sammamish. Fue notable el hecho de que fueran identificadas las víctimas, debido a la escasez de pistas; mechones de cabello de diferentes colores, una mandíbula, dos cráneos y cinco huesos de pierna fueron todo lo rescatado del parque.
Bundy contaba con una ventaja sobre la policía, pues su aspecto podía cambiar enormemente con sólo cambiar el estilo de peinado y dejarse crecer o afeitarse la barba. Sus rasgos físicos lo hacían un hombre bien parecido, pero del montón, por lo que era muy difícil seguirle la pista. Así fue que cambió de residencia para seguir con los asesinatos y se fue a Midvale (Utah), donde el 30 de agosto se matriculó como estudiante del University of Utah College of Law.
En Midvale asesinó a la hija del sheriff local, Melissa Smith, el 18 de octubre de 1974. La secuestró cuando ella iba hacia su casa para recoger algo de ropa con el fin de pasar la noche en casa de una amiga. Nueve días después sus restos fueron encontrados en Summit Park. Había sido violada y sodomizada antes de ser asesinada rompiéndole el cráneo con algo contundente.
El 30 de octubre continuó sus crímenes con Laura Aimee, de 17 años, a quien sorprendió cuando volvía de una fiesta de Halloween. El cuerpo desnudo de la adolescente fue localizado en los montes Wasatch. El cadáver mostraba huellas de haber sido golpeado en la cabeza, con la acostumbrada cuña de metal, y había sido violado y sodomizado. La policía estableció que había sido asesinada en otra parte, puesto que no había señales de sangre de la víctima en el lugar del hallazgo. La policía del estado comenzó una frenética búsqueda del asesino, tras lo cual comprobaron la similitud con el modus operandi en los crímenes cometidos en Washington, lo que les hizo contactar con la policía de aquel estado, junto a quien acumularon evidencias suficientes para publicar un croquis con la probable apariencia del asesino.
El 8 de noviembre de 1974, la policía consiguió, por fin, un testigo capaz de ponerles sobre la pista del asesino.
Carol DaRonch, declaró que esa tarde un hombre atractivo se se le había acercado en la librería Waldens Books de Utah. El extraño, tras identificarse como el oficial Roseland, le había dicho que había visto a alguien tratando de robar su coche y le había pedido que lo acompañara al aparcamiento para averiguar si habían robado algo. Carol pensó que el hombre era un guardia de seguridad del almacén, así que le siguió y cuando llegaron al coche le comunico que todo estaba en orden y no faltaba nada.
El hombre insistió en acompañarla a la comisaría de policía para interponer la denuncia contra el supuesto criminal. Cuando la acompañaba hacia su coche, un Volkswagen de color azul pálido, ella percibió un cierto olor a alcohol en su aliento, lo que le hizo sospechar, así que le pidió su identificación. Él, mientras se reía, le enseñó rápidamente algo parecido a una credencial y la convenció de subir al coche. Inmediatamente se puso en marcha a toda prisa y le indicó que se pusiera el cinturón de seguridad a lo cual ella se negó con la intención de saltar del coche a la primera oportunidad, pero iban demasiado rápido y definitivamente no se encaminaban a la comisaría.
Repentinamente el extraño detuvo el vehículo e intentó esposarla, Carol luchó y como resultado ambas esposas terminaron colocadas en la misma muñeca. Ella gritó, y el hombre saco una pistola de pequeño calibre y amenazó con matarla si no se callaba. Carol forcejeó, le golpeó en la cara y saltó del coche. Pronto lo vio venir con una barra en la mano. En el forcejeo que siguió a aquello, Carol luchó logrando golpearle en los genitales con el pie y huir, gritando aterrorizada, hacia el camino donde fue encontrada por una pareja de ancianos que inmediatamente la acompañaron a la policía.
En la comisaría Carol contó lo que uno de sus agentes le había intentado de hacer, pero resultó que no había ningún oficial de apellido Roseland, así que enviaron inmediatamente una patrulla al lugar de los hechos. Así la policía pudo conseguir la descripción del tipo, del vehículo y el tipo de sangre del atacante: O positivo, el tipo de Bundy.
Pero Bundy necesitaba compensar su frustración por el asesinato fallido. Esa misma noche del 8 de noviembre, Debby Kent, desapareció del aparcamiento de la Escuela Secundaria Viewmont, donde había acudido junto a sus padres para a ver una obra de teatro. Debby se había ofrecido a recoger a su hermano en una cafetería cercana, tras lo cual debía regresar para recoger a sus padres. Éstos, preocupados por el retraso de Debby, llamaron a la policía. Tras una rápida búsqueda por el aparcamiento, no encontraron más pistas que la llave de un par de esposas. Esa llave resultó pertenercer a las esposas con las que, horas antes, se había presentado Carol DaRonch en la comisaría de policía.
La directora de la obra de teatro, Jean Graham, declaró que, durante la representación, un hombre bien parecido le había solicitado varias veces que la acompañara al aparcamiento, supuestamente para identificar un vehículo pero ella se había negado puesto que estaba muy ocupada con la obra. Casi un mes después de los hechos, un hombre llamó a la policía para avisar que, la noche de la desaparición de Debby, había visto salir precipitadamente un Volkswagen de color claro del aparcamiento de la escuela.
El 12 de enero de 1975, Caryn Campbell, de 23 años, acompañó a su prometido, el Dr. Raymond Gadowski a un seminario en Aspen, Colorado. Mientras descansaban en un salón del hotel, ella advirtió que se había olvidado una revista y regresó a su habitación para buscarla. El Dr. Gadowski y sus hijos esperaron durante un rato y finalmente el Dr. decidió ir a buscarla pero no la encontró. Ni siquiera había llegado a la habitación. A media mañana el preocupado Dr. Gadowski decidió dar parte a la policía, quién acudió de inmediato e inspeccionó cada dependencia del hotel sin poder dar con ella.
Casi un mes después un trabajador encontró el cuerpo desnudo de Caryl en un banco de nieve a algunas millas del Hotel, había sido violada y brutalmente golpeada. No se encontró evidencia alguna de su atacante.
El 1 de marzo fue encontrado un cráneo en una zona boscosa de las montañas Taylor, fue identificado como Brenda Ball. La policía realizó una amplia búsqueda por los alrededores y tan solo tres días después se descubrieron partes de los cuerpos de Lynda Healy, Susan Rancourt y Roberta Parks, posteriormente se encontraron algunos restos más que fueron identificados como pertenecientes a Donna Mason.
El descubrimiento de los restos de algunas de sus víctimas no detuvieron a Bundy. El 15 de marzo secuestró a Julie Cunningham, de 26 años, cuando esta se dirigía a una taberna en Vail, Colorado. Su cuerpo nunca ha sido hallado.
El 6 de abril, tras discutir con su marido, Denise Oliverson decidió visitar a sus padres en Grand Junction. Denise no regresó aquella tarde, por lo que su marido pensó que se había quedado a dormir allí mientras las cosas se calmaban, pero lo cierto es que ella ni siquiera llegó a casa de sus padres. En el camino se topó con Ted Bundy. Su cuerpo aún no ha sido encontrado.
Nueve días más tarde, Melanie Cooley, de 18 años, desapareció en su camino de vuelta de la escuela. Un trabajador de caminos descubriría su cuerpo el 23 de abril siguiente, había sido golpeada salvajemente con una barra. Sus manos estaban atadas a la espalda y una funda de almohada estaba fuertemente anudada alrededor de su cuello.
El 1 de julio, Shelley Robertson, decide iniciar uno de sus acostumbrados paseos por el país viajando de autostop, sus amigos no se preocupan demasiado cuando pasan varios días sin verla. Testigos aseguraron haberla visto en una gasolinera hablando con un hombre que conducía un viejo camión. La próxima vez que se supo de ella fue el 21 de agosto siguiente, cuando su cuerpo fue descubierto por dos estudiantes de minería en el pozo de una mina cercana a Georgetown.
Gracias a la descripción del asesino, una amiga cercana de Meg Anders lo identificó como Ted Bundy, de quien tenía muy mala impresión. Ya que el parecido era innegable, se lo hizo saber a su amiga, que irónicamente estaba al tanto de los crímenes y escribía regularmente artículos acerca del asunto. De hecho Anders llegó a convencerse de que su novio podía ser el asesino, pues muchas claves apuntaban directamente hacia él. El parecido de Ted con el croquis de la policía, el hecho de que conducía un Volkswagen como el asesino… Además vio muletas en su apartamento, a pesar de que él no se había lesionado. Dada la situación, llamó de manera anónima a la policía sugiriendo que su actual novio podía tener algo que ver en las muertes. A pesar de que facilitó fotos recientes de Bundy a la policía, los testigos fallaron al tratar de hacer la correspondiente identificación. La policía desechó esa pista para enfocarse en otras líneas de investigación. La atención hacia Ted Bundy se disipó hasta algunos años después. Mientras tanto el asesino se confió en la estrategia de pasarse de un estado a otro, para evitar que la policía descubriera alguno de sus patrones. De esta forma, sus intentos y avances fueron cada vez más burdos y arriesgados, hasta el punto de que las víctimas ya no caían tan fácil. Incluso algunas se convirtieron en útiles testigos, que más tarde hicieron posible la captura de Bundy.
Las pruebas contra Bundy eran ya incontestables; se le detuvo debido a que los guardias de tráfico en cada condado conocen perfectamente todos los vecinos y ponen mucha atención en los coches que no conocen. La noche del 16 de agosto de 1975, en una carretera de Utah, un patrullero en servicio vio un Volkswagen que le pareció sospechoso, puso las luces largas para mirar mejor el número de su placa, momento en el que el conductor del Volkswagen comenzó a acelerar, dándose a la huida. El sargento Bob Hayward solicitó la ayuda de otras unidades y el Volkswagen fue detenido poco después. En las primeras inspecciones fueron halladas una palanca de metal (arma predilecta de Bundy), esposas, cinta y otros objetos que hicieron sospechar inmediatamente del detenido. La evidencia hallada fue ligada paulatinamente a la desaparición de otras mujeres (Melissa Smith, Laura Aime y Debby Kent) y gracias a la colaboración de la directora de teatro de la escuela por la que merodeaba Bundy y de Carol DaRonch, la identificación de Bundy fue corroborada policialmente. La policía supo que tenía en su poder al sujeto indicado y comenzó la investigación a gran escala del hombre identificado como Theodore Robert Bundy.
El 23 de febrero de 1976 comenzó el juicio contra Ted Bundy por secuestro agravado. El acusado llegó a la sala confiado y dueño de sí mismo, pensando que no había suficiente evidencia en su contra. No previó el impacto que tuvo la declaración de Carol DaRonch, a quien el fiscal pidió identificar al hombre que la atacó. Sin dudarlo, señaló directamente a Bundy, a la vez que estalló en llanto. En su defensa dijo que ni siquiera conocía a la chica, pero tampoco tuvo alguna coartada del día de los hechos. Al juez le llevó un fin de semana entero revisar a fondo el caso, y el acusado fue sentenciado el 30 de junio a una condena de quince años, con posibilidad de libertad condicional. En la prisión se le efectuaron las pruebas psicológicas que el juez había ordenado. Los doctores determinaron que Bundy no ea psicótico, sexualmente desviado, ni dependiente de drogas y alcohol o que sufriera algún daño cerebral. Estando preso en Utah, se prepararon más procesos contra Bundy.
Las pruebas periciales al Volkswagen de Bundy habían tardado bastante tiempo, pero las muestras capilares reunidas coincidieron con las de Melissa Smith y de Caryn Campbell. Exámenes posteriores revelaron que las marcas de las lesiones craneales podían haber sido causadas por la palanca hallada un año antes, en el vehículo de Bundy. Entonces la policía de Colorado le aplicó el cargo de asesinato el 22 de octubre de 1976. En abril de 1977 Bundy es trasladado a la cárcel del condado Garfield para encarar este nuevo proceso.
Durante los preparativos del juicio, Bundy decidió defenderse a sí mismo ante la supuesta incapacidad de sus abogados, a los que despidió. Con tanto trabajo ante sí, se le permitió visitar la biblioteca de la corte de Aspen (Colorado). Nadie imaginó que la verdadera estrategia fue intentar escapar. El 7 de junio de 1976 saltó por una ventana de la biblioteca, lesionándose un tobillo, lo que le impidió llegar demasiado lejos. Aun así consiguió eludir a la policía durante seis días. Mientras se establecía un cerco en la ciudad y se le buscaba con la ayuda de perros, Bundy sobrevivía robando y durmiendo en una autocaravana abandonada. Cuando la policía lo atrapó acababa de robar un Volkswagen que había encontrado con las llaves puestas. Volvió a escapar de la prisión de Garfield en enero de 1977, trepando al techo de una de las secciones de la cárcel, para desde ahí, acceder a otra parte del techo que desembocaba en el armario de un local vacío del penal. Esperó hasta no hubiera nadie cerca y salió por la puerta delantera de uno de los bloques de los funcionarios de prisiones. Nadie se dio cuenta de la ausencia de Bundy hasta la mañana siguiente, 15 horas después de los hechos. Esta vez consiguió huir a Chicago y luego a Florida, donde se instaló con el seudónimo de Chris Hagen.
El 14 de enero de 1977, el edificio de la fraternidad Chi Omega estuvo semivacío, pues la mayoría de las ocupantes estuvieron de fiesta o en salones de baile aprovechando que esa noche no había toque de queda. A las 3 de la madrugada, el novio de Nita Neary la dejó a la puerta de la fraternidad y la chica notó que la puerta esta abierta. Tan pronto entró al edificio escuchó actividad y pasos de alguien corriendo en el piso de arriba e inmediatamente el sonido se acercó a las escaleras. Consiguió esconderse y observó bajar y salir del edificio a un hombre que llevaba una gorra tejida de color azul, y en el brazo lo que parecía una carpeta envuelta en un trapo. Pensó que alguien había asaltado la fraternidad, así que buscó a su compañera de habitación Nancy y sin saber qué hacer, fueron en busca de la encargada del edificio. No tardaron en toparse con otra compañera llamada Karen, quien se tambaleaba por el pasillo, herida y con la cabeza cubierta de sangre. Pronto descubrieron otra muchacha más, gravemente herida. Aquella noche Bundy efectuó uno de sus ataques más terribles, por la saña y número de víctimas; la policía encontró el cadáver de Lisa Levy a quien golpeó en la cabeza, violó y a quien casi de un mordisco le desprendió un pezón del pecho. Además introdujo en su vagina una lata de laca para el cabello. Mas tarde, este ataque a Lisa Levy resultó de crucial importancia en el destino de Bundy.
Margaret Bowman falleció por estrangulamiento, igualmente atacada mientras dormía. Los análisis forenses indicaron que no fue atacada sexualmente como Lisa Levy. Sin embargo, los golpes de su cabeza fueron tan brutales, que parte de la masa encefálica estaba a la vista cuando fue hallado el cuerpo. Las demás víctimas no pudieron aportar ningún dato sobre el atacante, únicamente la señorita Neary fue capaz de proporcionar los mayores datos. Bundy no había terminado aún su noche, no lejos de la fraternidad atacó a una chica más. Afortunadamente los vecinos se percataron y telefonearon al apartamento de la mujer; logrando salvar la vida de la chica, que inmediatamente fue asistida por la policía. La encontraron sentada en su cama, semiinconsciente tras la paliza recibida. A pesar de que la policía pudo recabar bastantes evidencias de este último ataque (cabellos de una máscara que Bundy soltó en el lugar, semen y muestras de sangre), la realidad era que el criminal les era desconocido. En el estado de Florida no se sabía nada de Ted Bundy.
La última víctima de Ted Bundy fue Kimberly Leach, de 12 años, que fue secuestrada el 9 de febrero de 1978 en Lake City. El único testigo del acontecimiento fue una amiga suya de nombre Priscila, quien la vio subir al furgón de un hombre, pero no pudo aportar mayores datos del vehículo. El cuerpo de la niña fue hallado 8 semanas más tarde en Florida. Dado el avanzado estado de descomposición del mismo, no dio ninguna pista significativa sobre el atacante.
Días antes del secuestro de Kimberly Leach, un extraño en una camioneta color blanco se acercó a una estudiante de catorce años. La chica estaba en el camino, en espera de su hermano que había quedado en pasar a buscarla. Ella, advertida por su padre (un policía) de que no debía hablar con extraños, se sintió incomoda ante las preguntas y avances de Bundy. Afortunadamente el hermano llegó y le dijo a su hermana que subiese al coche. Extrañado por el sujeto, el joven apuntó el número de la matrícula y se las mostró a su padre. Una vez escuchada la historia del hombre y la camioneta blanca, el detective James Parmenter, del departamento de policía de Jacksonville decidió investigar. Las placas correspondían a un hombre llamado Randall Ragen, a quien Parmenter decidió visitar. El señor Ragen relató que tales placas habían sido robadas de su vehículo y que ya había solicitdo unas nuevas. Posteriormente el detective se enteró de que la camioneta habían visto sus hijos era robada. Entonces hizo que sus hijos vieran unas cuantas fotografías en la comisaría de policía. Para su sorpresa, el sujeto que identificaron era Ted Bundy.
A pesar de tener al mundo entero en su contra y con todo el peso de la evidencia sobre sus hombros, Bundy actuó como su propio abogado y siempre confió en poder hacer que el juicio fuera lo más justo posible. El jurado estuvo compuesto por una mayoría de afroamericanos. La intención fue que no se cargara de prejuicios dicho jurado, pero las evidencias fueron determinantes, sobre todo en el caso de la hermandad Chi Omega. Primero fue el testimonio de Nita Neary, señalando a Bundy como el sujeto que vió salir corriendo por la puerta. El otro testimonio contundente fue aportado por un odontólogo, el Dr. Souviron, quién mostró una serie de fotografías de la mordida en la nalga de la señorita Levy y de cómo las marcas de la dentadura correspondían a la perfección con los dientes de Bundy. De ese modo las fotografías ligaron a Bundy con los asesinatos de la fraternidad.
El 23 de julio tras 7 horas de deliberación, el jurado decidió que Ted Bundy era culpable. Este escuchó el veredicto sin mostrar emoción alguna. En el estado de Florida se tiene la costumbre de efectuar un juicio aparte para la sentencia, el de Bundy ocurrió el 30 de julio, una semana después del anterior. En esta ocasión la madre de Bundy testificó e imploró por la vida de su hijo y él mismo tuvo la oportunidad de dar una buena razón para que no se le sentenciara a muerte. Entre otras cosas se dijo víctima de una farsa, de un juicio injusto y abusivo y que no tenía ni siquiera por qué pedir clemencia por algo que no había cometido. El juez Cowart, al finalizar Bundy su declaración, recomendó la pena de muerte en la silla eléctrica por la muerte de Lisa Levy y Margert Bowman.
El 7 de enero de 1980 comenzó el juicio por la muerte de la niña Kimberly Leach, en Orlando, Florida. Esta vez Bundy decide no defenderse a sí mismo y quedan como sus abogados Julius Africano y Lynn Thompson. La estrategia a seguir fue apelar por causa de incapacidad mental, es decir por locura. Una ruta muy arriesgada, pero casi la única opción para un asesino como Bundy. El jurado no tuvo problemas para darle la vuelta a esta débil estrategia y de hecho Bundy perdió cada vez más el control. Ya no le sirvió de nada aparentar calma y dominio de la situación, sabiendo de antemano que su destino estaba ya decidido. Durante el juicio sorprendió a todo mundo al anunciar su matrimonio con Carole Ann Boone, antigua compañera de trabajo. Gracias a una argucia legal del estado de Florida, era posible sellar un matrimonio en el estrado y estando bajo juramento, declarando ante el juez. Así que al testificar Boone, ambos aprovechan para contraer matrimonio legalmente.
Bundy no podía cambiar su situación jurídica, por lo cual adoptó la decisión de confesar mas crímenes al doctor Bob Keppel, jefe de investigadores del departamento de justicia del estado de Washington. Keppel y Bundy habían trabajado conjuntamente cuando este último se ofreció para ayudar en la investigación acerca del asesino en serie llamado en este entonces “El asesino del Río Verde“, criminal que tuvo en jaque a la policía durante más de veinte años. Keppel asistió a las sesiones con Bundy armado únicamente de una grabadora para conservar los testimonios del asesino. Así, el mundo se enteró de que Bundy conservaba por algún tiempo en su casa y en algunos casos, las cabezas de las víctimas como trofeos y de que también practicaba necrofilia. La conducta de Bundy fue catalogada como de extrema perversión y compulsión necrofílica. Los analistas estiman que el número de víctimas podría fácilmente rondar las 100 mujeres, muy lejos de los conteos oficiales de alrededor de 36.
El 24 de enero de 1989, a las 7:04 de la mañana, Theodore Robert Bundy fue ejecutado en la silla eléctrica. Según se difundió, tuvieron que sacar a Bundy de su celda por la fuerza. Fuera de la cárcel numerosas personas esperaron la noticia y cuando el delegado de la institución declaró la muerte de Bundy se escucharon vítores y aplausos, incluso hubo hasta fuegos artificiales. Momentos después sale un vehículo funerario camino al crematorio. Al pasar, la multitud aplaude.
A pesar de todo, todavía se le cargaría a la cuenta de Bundy un crimen más, que tardó 28 años en esclarecerse. Katherine Devine fue vista por última vez el 25 de noviembre de 1973, para ser descubierto su cadáver el 6 de diciembre de ese mismo año en el parque McKenny del estado de Washington. Los forenses dicen que poco después de ser vista por última vez, Kathy Devine encontró la muerte, estrangulada, sodomizada y con la garganta rebanada. La mayoría de los investigadores del crimen creyó que Bundy había sido responsable, pero en ese tiempo las autoridades culparon a un sujeto de nombre William E. Cosden Jr. quien tuvo que empezar a cumplir una condena por violación de 48 años. El caso nunca fue cerrado, y en el año 2001 gracias a exhaustivas pruebas de ADN el caso quedó resuelto, y William por fin salió de la cárcel. Posteriormente inició acciones legales por lo que se caliificó de “detención ilegal y secuestro” por parte del Estado.

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