Este sistema con nombre de fruta (nombre que le viene por su apariencia externa, no por su, digamos, “dulzura”) era una invención que tenía el fin de producir graves heridas, pero sin resultado de muerte. Era un método de castigo, reservado a unos sectores concretos de la población tan sólo.

Ejemplo de "pera" oral
Este instrumento de tortura se empleaba en la Europa de los siglos XIV, XV y XVI, generalmente por la Santa Inquisición española. Constaba de tres hojas metálicas (aunque también existen aparatos que cuentan con cuatro) que se expandían según se apretaba un tornillo situado de un extremo. Por la fuerza que desarrollaba, provocaba graves desgarros, aumentados por unas puntas que las hojas tenían en sus extremos. Tenía dos variantes básicas, la oral y la anal/vaginal.
La versión oral se empleaba para los reos condenados por emitir discursos heréticos, dado que se pretendía castigar al órgano encargado de proferir palabras en contra de lo que se consideraba la “Fe Verdadera”. Este aparato causaba roturas mandibulares, algo que en aquellos tiempos se traducía en una mala recuperación, o incluso en algunos casos la muerte por inanición.
La otra versión se empleaba para castigar a los culpables de sodomía, o para castigar a las brujas culpables de contactos carnales con el Diablo o con cualquiera de sus subalternos. Este artilugio se introducía bien en el recto, bien en la vagina, dependiendo del sexo del individuo. Provocaba serias lesiones, así como una importante hemorragia.